«Si tienes un jardín y una biblioteca, tienes todo lo que necesitas» Cicero

Un horizonte de cumbres

La comarca del Bierzo es una singularidad en el contexto de las regiones vitivinícolas de la península Ibérica. Geológicamente integrada dentro del macizo galaico que se formó durante durante la orogenia varisca en el Paleozoico, será durante el Cenozoico que adquiere sus rasgos recientes.

Por un lado, las fuerzas de compresión de las placas africana y euroasiática dieron lugar a la orogenia alpina y conformaron sus macizos montañosos. Al mismo tiempo, la parte central se hundió formando una fosa tectónica.

Durante el Cuaternario, el cauce fluvial del proto-Sil irá horadando estas murallas montañosas a la altura de La Barosa para dar lugar a la formación actual de la cuenca hidrológica del Miño-Sil hasta alcanzar el océano Atlántico.

Las sierras que delimitan el Bierzo son mucho más que un telón de fondo. Superando los 1.000 msnm, y con frecuencia los 2.000 msnm, son origen de los vientos, del agua, de las nieves y de las nieblas.

Marcan el límite climático que regula la insolación y el régimen de lluvias; son las guardianas de un clima complejo de transición resultado de la conjunción de la montaña, Atlántico y Mediterráneo. Son, sobre todo, el comienzo de los suelos.

Su evolución geológica generó unas condiciones vitícolas verdaderamente heterogéneas: suelos ácidos y pobres en zonas silíceas que dan vinos incisivos y ligeros, vetas calizas que proporcionan frescor, pizarras cálidas y aluviones con redondez y fruta, junto con toda la variabilidad de texturas y profundidades como resultado de la intensa actividad fluvial de la región.

Todo ello se traduce en una expresión diversa y matizada de cada parcela, con vinos con una personalidad que responde al origen de cada cuenca.

Nuestra clasificación no es una abstracción; es una herramienta precisa para comunicar por qué cada vino es como es.